Estaba acostado, mirando la computadora y preguntándome porqué carajos estoy acostado y mirando una computadora un viernes a las 9 de la noche, algo raro para ser viernes pues últimamente a ésa hora ya estaría llenando mis pulmones de tabaco u otras sustancias químicas que derivan en cáncer. Así que en éste jodido escenario estaba viendo como Roger Federer ganaba el 1° set a David Ferrer y recordé esa historia que empecé en 2° de secundaria sobre un niño que quería ser futbolista, pero, a diferencia de Oliver Atom, tenía piernas y era muy malo con ellas. Había escrito como 7 páginas de esa historia en un documento de Word hace 5 años y recuerdo perfectamente que me la había auto-enviado en caso de que mi computadora terminara por joderme más la existencia. Me decidí a buscarla en mi mail y busqué en mis mails enviados todos aquellos mails que yo mismo me habría enviado. Eran muchos, bastantes, de hecho. Entonces fui uno por uno viendo títulos y la sarta de estupideces que me envié en los últimos 4 años, hasta que encontré lo que no estaba buscando.
Encontré conversaciones, muchas conversaciones que tuve contigo de aquellos tiempos en los que nos dirigíamos la palabra e incluso algo más. Me sorprendí, no por el hecho de que existieran, porque por alguna estúpida razón, no preguntes cuál, en ese entonces decidí enviarme todas esas platicas. Me sorprendió el hecho de que siguieran ahí pues hace 5 meses que las había buscado en presencia de un amigo y según yo las había borrado. Al parecer no. El primer mail que abrí era uno que contenía 2 fotos tuyas. Mis dos favoritas de aquellos tiempos en los que no éramos nada y para mí lo éramos todo. Las observé, no conté el tiempo pero supongo que no fue mucho. Así que el morbo estaba ahí y lo obedecí. Miré todavía un poco más. Conversación por conversación, día por día.
Vi el día en qué hablamos por primera vez, y no entiendo cómo no me mandaste al diablo desde el primer instante en que empecé con mis tonterías. Vi la primera vez que peleamos y mi estúpido argumento que creía era muy bueno. Vi cómo me dijiste un “te extraño” que yo asumí como una burla y el cuál me hizo odiarte un poco más. Y cada vez que veía eso te comprendía aún más, y al terminarlas todas, palabra por palabra, te entendía por completo. Ahora entiendo porque no te quedaste conmigo.
Por aproximadamente 2 años y contados meses te he culpado y hecho responsable del hecho de que “pudimos ser felices juntos” y el cliché “me rompiste el corazón”. ¡2 AÑOS! Carajo, ¿qué tan idiota estoy? 2 años en el que he tomado por ti, he llorado por ti, he escrito de y por ti, 2 años en los que no he estado ni cerca de estar con una mujer en una situación remotamente parecida a la que estuve contigo. 2 años en los que te he protagonizado como una parte horrible de mi vida y un símbolo de todo lo que está mal con ella. 2 años en los que he deseado que alguna vez sufrieras de la forma en que yo sufrí hace 2 jodidos años. Hoy me he dado cuenta que todo ha sido en vano, que culpé a una mujer increíble de algo que no hizo.
Hoy, te quiero pedir perdón. Perdón por todo lo que he pensado y dicho de ti, perdón por todas esas canciones dedicadas, perdón por todas aquellas culpas que sólo son mías, perdón por haberte simbolizado por algo que, en definitiva, no tienes una mínima participación. Perdón por todo, en serio, lo siento.
