Instagram

lunes, 10 de noviembre de 2014

Algún día.

Un día te despertarás con la sensación de que algo te falta. Un día vas a despertar y tu primer pensamiento será ella. Vas a ver sus ojos, verás en ellos ese brillo que tanto te gustaba. Verás y podrás sentir sus manos, esas manos que te abrazaron durante horas, o incluso días.

No podrás dejar de pensar en ella, oirás su risa a donde vayas. Su voz susurrará en tu oído a cada paso que des. Podrás sentir el roce de sus labios y sentirás como se estremece tu cuerpo al recordar el suyo. Recordarás sus malos hábitos, esos que odiabas, y de pronto los extrañarás Sentirás un vacío en tu pecho cuando escuches su nombre, y sentirás un dolor de pecho cuando sepas lo que ha sido de su vida y enseguida querrás volver a formar parte de ella.

Extrañarás todo de ella; su risa, su voz, sus besos y su cuerpo. Verás sus fotos y morirás por verla otra vez, aunque sólo sea por unos segundos. Pensarás en buscarla y pedirle perdón por todo el daño que causaste, pero no lo harás por miedo a que te rechace. Llorarás e irás a cada bar o cantina pensando en que embriagarse será la mejor forma de olvidar las penas. Te costará conocer mujeres. En todas verás algo que te recuerde a ella y no podrás con eso. Te costará sonreír y cada día tu dolor será más grande.

Algún día despertarás y no dejarás de preguntarte porqué la dejaste ir.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Incompleto.

Estás incompleto, te sientes así y lo más probable es que hayas estado así toda tu vida. Pero el efecto de esta bebida embriagante es la que muestra ésta posibilidad. No sabes qué es lo que pasa, pero un extraño ente en el ambiente te dice que algo no está bien, que tu vida no está bien.

Una broma sobre tus amores pasados alteran una parte de tu ser que creías haber calmado, externamente sigues igual de tranquilo y hasta te ríes, pero internamente ya no puedes aguantar más. Así que ingieres más, ¡Sí, ¿por qué no?! Gritas a dezmeros mientras tu vaso se llena aún más y decides tomarlo en una sola porción. Gran error. Los efectos del alcohol y puede ser que del tabaco también, empiezan a tomar forma y no sabes cómo actuar, llevas un tiempo bebiendo en ésta magnitud que siempre está cercano el recuerdo de la última vez que acabaste en el piso en un antro ubicado en un puerto famoso de la República Mexicana.

Todo este alcohol te hace hablar, gritar, bailar y hasta fumar todavía más. También te provoca hacer cosas que nunca deberías hacer, y de todas formas las haces. El golpe más fuerte es el del día siguiente, cuando la garganta te duele, tu cabeza orbita como planeta de la vía láctea, cuando tus ojos pierden todo enfoque, pero el más fuerte es cuando te sientes vacío. Como si toda la diversión de ayer no hubiera servido, sino al contrario, como si hubiera drenado tu ser. Como si estuvieras incompleto.

Y es ahí, recostado en tu cama, viendo el techo y sintiendo un espantoso dolor de cabeza, cuando te das cuenta que estás incompleto porque todo en tu vida esta así. Incompleta como los videojuegos que nunca has terminado. Tan incompleto como esa anaquel de libros que no has completado. Incompleto como el tratamiento al que te sometiste y te condenó a la sobriedad. Incompleto como los cuadernos llenos de hojas vacías que prometiste ibas a llenar de tantas historias como fuera posible. Incompleto como toda esa música descargada que no has terminado de escuchar. Incompleto como esa cajetilla de cigarros que nunca terminaste y lleva escondida debajo de tu cama más de 3 años. Incompleto como esas promesas a tu abuelo que no te has esmerado en cumplir. Incompleto como todas esas relaciones fallidas que siempre terminan por aburrirte y las dejas a la mitad.

Incompleto como esta etapa en tu vida que, esperas y ruegas al Señor, acabe lo más pronto posible para poder seguir delante de una vez por todas.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Mujeres, letras y pedos mentales.

Un maestro de español en la secundaría me dijo una vez que los títulos deberían escribirse siempre que ya se haya terminado un cuento, poema, etc., pero Mujeres, letras y pedos mentales me suenan tan bien, y es obvio, pues es lo único que he pensado en escribir en los últimos dos meses y medio. Éste título es lo único en lo que puedo pensar. Son las 2:33 am de un sábado, o domingo, la verdad ya no me acuerdo, y la suficiente cantidad de alcohol que ingerí no me deja dormir. Demonios, como lo extrañaba. Pasé casi 10 meses sin probar una dulce gota de ese bello elixir, y casi 12 sin alcoholizarme como hoy. No me culpes a mi mamá, culpa a la cerveza por saber tan bien.

Recuerdo una de las últimas veces que tomé de más, como hoy, antes de que me impusieran este sobrio tormento. Era agosto, o principios de septiembre, fue una fiesta de los amigos de mis amigos a la que me convencieron de último minuto para asistir. Recuerdo que fumé un poco de cannabis, si no es que casi nada. Pero lo que más recuerdo es la mirada de esa preciosa mujer de estatura baja, piel morena y cara angelical. Amiga de mis amigos, claro. Esa foto que nos tomamos juntos viene a mi mente y la revuelca. Creo que jamás voy a olvidar su sonrisa y el tono agudo pero celestial de su voz. Debí haber intentado algo ese día.

Hablando de mujeres e intentos fallidos, meses después, como por marzo, conocí en otra fiesta de amigos, a una mujer realmente preciosa a primera vista, ojos azules, nariz fina, mucho maquillaje and her body got that ass that a ruler couldn't measure. En pocas palabras, una perfecta ocasión para disfrutar otra noche de ésta dura sobriedad. No pasó nada. Me tardé en hacer mi “movimiento” y perdí la oportunidad. Pocos días después pensé que tal vez en otra ocasión tendría la oportunidad de lograr mi cometido. Lo sigo esperando.

Entonces llevo casi unos 3 meses esperando a que el grandísimo Espíritu Santo me llene de bendiciones y algo se me ocurra para poder escribir. Tal vez necesito un poco de cannabis que active esa inspiración y me ayude a terminar todas las historias que tengo en esta mente tan retorcida. Pero no creo que sea la solución, sin tomar en cuenta el hecho de que no estoy en mi etapa continua de valemadrismo y sería difícil aceptar que me drogué después de prometer que ya no lo haría. Tal vez lo que necesito es volver a escribir de lo único que he sabido escribir los últimos dos años. Tal vez tengo que volver a escribir de ella. Pero sería aún peor pues no tengo nada más que decirle, ya todo lo he dicho, y lo que no he dicho ya lo he olvidado. Carajo, eso sonó a canción de Arjona.

Hablando de Arjona recuerdo aquel día en mi antiguo trabajo de verano cuando a mi jefe se le ocurrió poner canciones de Arjona para poder desestresar nuestro pesado sábado. Sin embargo la música se vio interrumpida por la visita de mi estimado supervisor, que ojalá ya haya chingado a su madre, y eso nos obligó a cortar la inspiración Arjonesca y ponernos a trabajar de una manera más seria. El cabrón me puso a atender clientes cuando era más lógico que les cobrara. Sin embargo es lo único que le voy a agradecer al perro ese. Atendiendo a una pequeña niña de unos 5 años, y mientras atendía su pedido de buscar a un personaje de la Princesa Sofía, volteé y justamente atrás, atenta a lo que sucedía, estaba la mujer más bella que había visto esos dos últimos meses de infierno Godinezco. Una mujer morena, con un vestido blanco, lentes, y una sonrisa que me dejó totalmente estúpido. Pero más estúpido me vi cuando me pidió que le mostrará una muñeca para su hermana y le dije que mi compañero la ayudaría. 

¡Ay Diego, eres un imbécil! Será mejor que ya te vayas a dormir.

viernes, 8 de agosto de 2014

Perdón por todo.

Estaba acostado, mirando la computadora y preguntándome porqué carajos estoy acostado y mirando una computadora un viernes a las 9 de la noche, algo raro para ser viernes pues últimamente a ésa hora ya estaría llenando mis pulmones de tabaco u otras sustancias químicas que derivan en cáncer. Así que en éste jodido escenario estaba viendo como Roger Federer ganaba el 1° set a David Ferrer y recordé esa historia que empecé en 2° de secundaria sobre un niño que quería ser futbolista, pero, a diferencia de Oliver Atom, tenía piernas y era muy malo con ellas. Había escrito como 7 páginas de esa historia en un documento de Word hace 5 años y recuerdo perfectamente que me la había auto-enviado en caso de que mi computadora terminara por joderme más la existencia. Me decidí a buscarla en mi mail y busqué en mis mails enviados todos aquellos mails que yo mismo me habría enviado. Eran muchos, bastantes, de hecho. Entonces fui uno por uno viendo títulos y la sarta de estupideces que me envié en los últimos 4 años, hasta que encontré lo que no estaba buscando.

Encontré conversaciones, muchas conversaciones que tuve contigo de aquellos tiempos en los que nos dirigíamos la palabra e incluso algo más. Me sorprendí, no por el hecho de que existieran, porque por alguna estúpida razón, no preguntes cuál, en ese entonces decidí enviarme todas esas platicas. Me sorprendió el hecho de que siguieran ahí pues hace 5 meses que las había buscado en presencia de un amigo y según yo las había borrado. Al parecer no. El primer mail que abrí era uno que contenía 2 fotos tuyas. Mis dos favoritas de aquellos tiempos en los que no éramos nada y para mí lo éramos todo. Las observé, no conté el tiempo pero supongo que no fue mucho. Así que el morbo estaba ahí y lo obedecí. Miré todavía un poco más. Conversación por conversación, día por día. 

Vi el día en qué hablamos por primera vez, y no entiendo cómo no me mandaste al diablo desde el primer instante en que empecé con mis tonterías. Vi la primera vez que peleamos y mi estúpido argumento que creía era muy bueno. Vi cómo me dijiste un “te extraño” que yo asumí como una burla y el cuál me hizo odiarte un poco más. Y cada vez que veía eso te comprendía aún más, y al terminarlas todas, palabra por palabra, te entendía por completo. Ahora entiendo porque no te quedaste conmigo.

Por aproximadamente 2 años y contados meses te he culpado y hecho responsable del hecho de que “pudimos ser felices juntos” y el cliché “me rompiste el corazón”. ¡2 AÑOS! Carajo, ¿qué tan idiota estoy? 2 años en el que he tomado por ti, he llorado por ti, he escrito de y por ti, 2 años en los que no he estado ni cerca de estar con una mujer en una situación remotamente parecida a la que estuve contigo. 2 años en los que te he protagonizado como una parte horrible de mi vida y un símbolo de todo lo que está mal con ella. 2 años en los que he deseado que alguna vez sufrieras de la forma en que yo sufrí hace 2 jodidos años. Hoy me he dado cuenta que todo ha sido en vano, que culpé a una mujer increíble de algo que no hizo.

Hoy, te quiero pedir perdón. Perdón por todo lo que he pensado y dicho de ti, perdón por todas esas canciones dedicadas, perdón por todas aquellas culpas que sólo son mías, perdón por haberte simbolizado por algo que, en definitiva, no tienes una mínima participación. Perdón por todo, en serio, lo siento.

viernes, 13 de junio de 2014

Querida.

Te gusta vivir en esta farsa, ¿no, querida? Te gusta sentirte amada por los que no buscan en ti amor, sino placer. Te encanta ilusionarte y creer que aquél hombre que rompe corazones es el indicado para ti. Crees que puedes cambiarlo, y fracasas. Siempre fracasas. Y luego lloras. Al parecer amas llorar, me atrevería a pensar que amas llorar más de lo que lo amas a él, y te vuelve loca sufrir. ¡Oh querida como sufres!

Llenas tus heridas de alcohol, y esa anestesia, sin quererlo, se vuelve en tu peor enemiga. Entonces le llamas, le dices que lo amas, que no hay nadie igual, que es lo mejor, que es el mejor. ¿En serio, querida? ¿Lo mejor? ¿El mejor? Pero no es todo. No. Te esfuerzas en enamorarlo. ¡Ay querida como te esfuerzas! Pero a él no le importa, y tú lo notas, pero parece no importarte que a él no le importe cuánto te importa. Pero eres necia, Terca. Muy terca, querida, y continuas con tu plan predestinado al fracaso, y te esfuerzas todavía más en tratar de lograrlo.

Y es ahí cuando regresan las lágrimas. Y vuelves al principio, y lo haces de nuevo sin darte cuenta que tu método no funciona, nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Pero no te das cuenta. ¡Carajo, querida! ¿Cuándo lo harás? ¿Cómo no te das cuenta? ¿Acaso el alcohol ha nublado en demasía tu vista? En serio no lo entiendo, querida. Yo me doy cuenta de todo. Sé cuando sus palabras dirigidas a tu oído son un verso repetido a mil oídos más. Y tú no te das cuenta. No te quiere como un trofeo, no querida. Él te quiere para su larga lista de nombres. Sólo quiere satisfacer sus necesidades, y ninguna de ellas incluye la de amar. ¡Querida, date cuenta! ¿Cuántas señales requieres? ¡¿Cuántas más?!

Yo estoy cansado, querida. Mi hombro se ha cansado de consolarte mientras recargas en el tu cabeza. Mi mente se ha cansado de proponer soluciones sin ser tomadas en cuenta. Pero, lo más importante, mi corazón está ya cansado de seguir amándote sin que tú lo ames. Y eso, querida, no sé cuánto pueda soportarlo...

lunes, 5 de mayo de 2014

Es una peda normal. Mis amigos están aquí, pero mi mente no. Pienso en ti. Sí, en ti. Ha pasado tiempo pero aún lo hago. Al parecer mi mente se rehusa a dejar de pensarte y te trae en el momento en que se le antoje. Ante eso no puedo hacer nada, tu recuerdo me domina. Mis amigos parecen no notar mi ausencia mental, así mejor, no quiero que sepan que sigues aquí donde según yo ya te fuiste. Y lo presumo mucho, con alegría y gritos cuando te mencionan, pero me miento. 

En el fondo se escuchan canciones de dolores, de mal de amores que te dedicaba en los primeros días de tu partida. Podría dedicarte varias de ellas una vez más, pero, ¿cuál es el caso? No vas a volver, ¿o sí? Ni siquiera te vas a enterar, pero sobretodo, no te va a importar. Por más canciones que te dedique, por más pensamientos que sigan, a ti no te va a importar nada. 

Y es ahí cuando pienso en todo, pero sobretodo en como me gusta engañarme. Me gusta decirme que algún día vas a regresar. Me gusta mirar tus fotos y decir que fuiste mía, aunque no haya sido cierto. En especial, me gusta imaginar, me gusta imaginar una infinidad de escenarios en los que tú apareces y eres protagonista. Me gusta imaginar que regresas y pides perdón, que te digo que no, que hay alguien más que te da celos, que a veces te digo que sí y hago venganza, pero sobretodo que te importó y que me quieres. Es lo que más me gusta imaginar y es lo que más me duele.

¿Y de qué me sirve que te escriba esto si no lo lees y no lo leerás? ¿De qué me sirve que te quiera tanto, demasiado, carajo, si no volverás? Tal vez deba volver a la realidad y dejar que el tiempo me traiga una respuesta.

domingo, 16 de febrero de 2014

+

Te despiertas y piensas en todo lo que sucedió ayer, una frase lo resume todo y la dices en voz alta: la cagaste Diego. 

No quieres recibir mensajes ni hablar con nadie. Te sientes tan raro, como si hubieras perdido algo, como si algo te estuviera faltando. Carajo - te reclamas - la perdí. Una verdad un tanto fuerte de admitir. Bastante para ser sinceros, pero la idea te da vueltas y vueltas, no abandona tu mente y se presenta en cada escenario que imagines. Te acecha, te acorrala, te asfixia.

Tal vez fue un sueño, uno muy malo. Esperas que sea verdad, que sólo sea un sueño, una pesadilla. Una de esas que durante bastante tiempo te persiguieron cuando eras niño y te obligaban a buscar ayuda en la cama de tus padres. Una pesadilla de esas que te hacían despertar sudando a tempranas horas del día. Una de esas que desaparecieron desde que ella apareció.

Pero no, en realidad pasó, tomaste de más y perdiste el control de tus acciones. No sabias qué hacías, qué decías, ni en qué mundo habitabas. Nunca te dijeron que el alcohol podía pasar de ser tu mejor amigo a tu peor enemigo en cuestión de minutos. Nunca te dijeron que al tomarlo en exceso el daño causado podía ser irreparable, sin olvidar la falta de energías aunado al dolor de cabeza al día siguiente. Nunca te dijeron que podía arruinar lo que tanto tiempo te costó conseguir.

Buscas la manera de corregir el peor error de tu vida, pero es tarde, demasiado tarde. Ya no figuras en sus planes, ella lo ha pensado un buen tiempo y no eres lo que ella quiere y necesita en este momento. Ya no lo eres. Pero te aferras a la idea que has forjado en tu mente desde el día en que la conociste, no quieres renunciar a ese sueño, a esa posible aventura. A esa relación que, según tú, podría ser la solución a todos tus males. La solución a tu vida.

Tal vez es una obsesión absurda por buscar en alguien más lo que no encuentras en ti mismo. Tal vez lo que sientes no es verdad y en verdad no sabes lo que quieres. Tal vez la quieres más de lo que te imaginas y por eso te rehúsas a dejarla ir. Tal vez te has mentido todo este tiempo y no la quieres, tal vez la amas.

viernes, 31 de enero de 2014

X.

Sales de la casa, caminas, avientas tu vaso, ese que contiene esa mágica bebida que se supone ayudaría a olvidar pero que en el camino te deja llorando y recordando más de lo que quieres, te sientas en el pasto, agachas la cabeza y sin darte cuenta ya estás llorando. Escuchas a lo lejos voces diciendo tu nombre, poco a poco se acercan y de pronto ya están a tu lado. Saben porqué lloras, Saben que tu corazón está roto. Sus intenciones son consolarte con palabras pero no las escuchas. Mantienes la cabeza abajo mientras piensas solamente en una cosa, mejor dicho, persona; ella.

Recuerdas lo que han vivido, su rara y problemática presentación, sus pláticas, sus enojos, su primera salida, la primera vez que tomaste su mano, su risa, su voz chillona que todos odiaban pero que tú amabas sin razón alguna. Recuerdas las veces que la defendiste ante las críticas de tus amigos, recuerdas su mirada, esos ojos que te volvían loco, esa forma de hablar con la mirada.

De entre todo los recuerdos se destaca uno, el de aquella noche en que tocaste sus labios, cuando la besaste, la única noche en la que sentías que volabas y eras invencible ante cualquier problema sin importar que tan grande fuera. 

La mejor noche de mi vida, piensas.

Recuerdas tus borracheras cuando ella te pedía que no tomaras, recuerdas aquél mensaje estúpido que redactaste sin conciencia, aquél que nunca debiste redactar. Recuerdas tus errores, cada uno de ellos, esos errores que te alejaron de ella y la obligaron a buscar otros brazos.

Estúpido, estúpido, estúpido, la dejé ir. Te repites en la cabeza.

Vuelves al mundo real y escuchas la voz de un amigo hablando de su historia de desamor mientras tú asientes sin haber escuchado el comienzo y sin importarte el final. Limpias las lágrimas que están a punto de salir y te levantas mientras aclaras con fuerza que ella no puede arruinar tu noche, menos tu vida. Recoges tu vaso ya vacío y caminas detrás de tus amigos con un sólo destino, la casa.

Te acercas y la ves en la puerta, tu corazón se acelera, te sientes débil, de pronto toda la fuerza y el coraje que habías reunido momentos atrás se ha ido. Pasas junto a ella y quieres, deseas hablar con ella, o que ella te hable, esperas aclarar las cosas y pedir una segunda oportunidad para hacerlo todo bien.

Pero no sucede, continuas tu caminata sin mirarla porque sabes que te hipnotizaría, sabes que no cambiaría nada, que ella no volverá. Entras a la casa y todo sigue igual que cuanto saliste. Exactamente igual. No ha cambiado nada, la sigues queriendo tanto como 3 semanas atrás.