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viernes, 31 de enero de 2014

X.

Sales de la casa, caminas, avientas tu vaso, ese que contiene esa mágica bebida que se supone ayudaría a olvidar pero que en el camino te deja llorando y recordando más de lo que quieres, te sientas en el pasto, agachas la cabeza y sin darte cuenta ya estás llorando. Escuchas a lo lejos voces diciendo tu nombre, poco a poco se acercan y de pronto ya están a tu lado. Saben porqué lloras, Saben que tu corazón está roto. Sus intenciones son consolarte con palabras pero no las escuchas. Mantienes la cabeza abajo mientras piensas solamente en una cosa, mejor dicho, persona; ella.

Recuerdas lo que han vivido, su rara y problemática presentación, sus pláticas, sus enojos, su primera salida, la primera vez que tomaste su mano, su risa, su voz chillona que todos odiaban pero que tú amabas sin razón alguna. Recuerdas las veces que la defendiste ante las críticas de tus amigos, recuerdas su mirada, esos ojos que te volvían loco, esa forma de hablar con la mirada.

De entre todo los recuerdos se destaca uno, el de aquella noche en que tocaste sus labios, cuando la besaste, la única noche en la que sentías que volabas y eras invencible ante cualquier problema sin importar que tan grande fuera. 

La mejor noche de mi vida, piensas.

Recuerdas tus borracheras cuando ella te pedía que no tomaras, recuerdas aquél mensaje estúpido que redactaste sin conciencia, aquél que nunca debiste redactar. Recuerdas tus errores, cada uno de ellos, esos errores que te alejaron de ella y la obligaron a buscar otros brazos.

Estúpido, estúpido, estúpido, la dejé ir. Te repites en la cabeza.

Vuelves al mundo real y escuchas la voz de un amigo hablando de su historia de desamor mientras tú asientes sin haber escuchado el comienzo y sin importarte el final. Limpias las lágrimas que están a punto de salir y te levantas mientras aclaras con fuerza que ella no puede arruinar tu noche, menos tu vida. Recoges tu vaso ya vacío y caminas detrás de tus amigos con un sólo destino, la casa.

Te acercas y la ves en la puerta, tu corazón se acelera, te sientes débil, de pronto toda la fuerza y el coraje que habías reunido momentos atrás se ha ido. Pasas junto a ella y quieres, deseas hablar con ella, o que ella te hable, esperas aclarar las cosas y pedir una segunda oportunidad para hacerlo todo bien.

Pero no sucede, continuas tu caminata sin mirarla porque sabes que te hipnotizaría, sabes que no cambiaría nada, que ella no volverá. Entras a la casa y todo sigue igual que cuanto saliste. Exactamente igual. No ha cambiado nada, la sigues queriendo tanto como 3 semanas atrás.

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