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miércoles, 15 de octubre de 2014

Incompleto.

Estás incompleto, te sientes así y lo más probable es que hayas estado así toda tu vida. Pero el efecto de esta bebida embriagante es la que muestra ésta posibilidad. No sabes qué es lo que pasa, pero un extraño ente en el ambiente te dice que algo no está bien, que tu vida no está bien.

Una broma sobre tus amores pasados alteran una parte de tu ser que creías haber calmado, externamente sigues igual de tranquilo y hasta te ríes, pero internamente ya no puedes aguantar más. Así que ingieres más, ¡Sí, ¿por qué no?! Gritas a dezmeros mientras tu vaso se llena aún más y decides tomarlo en una sola porción. Gran error. Los efectos del alcohol y puede ser que del tabaco también, empiezan a tomar forma y no sabes cómo actuar, llevas un tiempo bebiendo en ésta magnitud que siempre está cercano el recuerdo de la última vez que acabaste en el piso en un antro ubicado en un puerto famoso de la República Mexicana.

Todo este alcohol te hace hablar, gritar, bailar y hasta fumar todavía más. También te provoca hacer cosas que nunca deberías hacer, y de todas formas las haces. El golpe más fuerte es el del día siguiente, cuando la garganta te duele, tu cabeza orbita como planeta de la vía láctea, cuando tus ojos pierden todo enfoque, pero el más fuerte es cuando te sientes vacío. Como si toda la diversión de ayer no hubiera servido, sino al contrario, como si hubiera drenado tu ser. Como si estuvieras incompleto.

Y es ahí, recostado en tu cama, viendo el techo y sintiendo un espantoso dolor de cabeza, cuando te das cuenta que estás incompleto porque todo en tu vida esta así. Incompleta como los videojuegos que nunca has terminado. Tan incompleto como esa anaquel de libros que no has completado. Incompleto como el tratamiento al que te sometiste y te condenó a la sobriedad. Incompleto como los cuadernos llenos de hojas vacías que prometiste ibas a llenar de tantas historias como fuera posible. Incompleto como toda esa música descargada que no has terminado de escuchar. Incompleto como esa cajetilla de cigarros que nunca terminaste y lleva escondida debajo de tu cama más de 3 años. Incompleto como esas promesas a tu abuelo que no te has esmerado en cumplir. Incompleto como todas esas relaciones fallidas que siempre terminan por aburrirte y las dejas a la mitad.

Incompleto como esta etapa en tu vida que, esperas y ruegas al Señor, acabe lo más pronto posible para poder seguir delante de una vez por todas.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Mujeres, letras y pedos mentales.

Un maestro de español en la secundaría me dijo una vez que los títulos deberían escribirse siempre que ya se haya terminado un cuento, poema, etc., pero Mujeres, letras y pedos mentales me suenan tan bien, y es obvio, pues es lo único que he pensado en escribir en los últimos dos meses y medio. Éste título es lo único en lo que puedo pensar. Son las 2:33 am de un sábado, o domingo, la verdad ya no me acuerdo, y la suficiente cantidad de alcohol que ingerí no me deja dormir. Demonios, como lo extrañaba. Pasé casi 10 meses sin probar una dulce gota de ese bello elixir, y casi 12 sin alcoholizarme como hoy. No me culpes a mi mamá, culpa a la cerveza por saber tan bien.

Recuerdo una de las últimas veces que tomé de más, como hoy, antes de que me impusieran este sobrio tormento. Era agosto, o principios de septiembre, fue una fiesta de los amigos de mis amigos a la que me convencieron de último minuto para asistir. Recuerdo que fumé un poco de cannabis, si no es que casi nada. Pero lo que más recuerdo es la mirada de esa preciosa mujer de estatura baja, piel morena y cara angelical. Amiga de mis amigos, claro. Esa foto que nos tomamos juntos viene a mi mente y la revuelca. Creo que jamás voy a olvidar su sonrisa y el tono agudo pero celestial de su voz. Debí haber intentado algo ese día.

Hablando de mujeres e intentos fallidos, meses después, como por marzo, conocí en otra fiesta de amigos, a una mujer realmente preciosa a primera vista, ojos azules, nariz fina, mucho maquillaje and her body got that ass that a ruler couldn't measure. En pocas palabras, una perfecta ocasión para disfrutar otra noche de ésta dura sobriedad. No pasó nada. Me tardé en hacer mi “movimiento” y perdí la oportunidad. Pocos días después pensé que tal vez en otra ocasión tendría la oportunidad de lograr mi cometido. Lo sigo esperando.

Entonces llevo casi unos 3 meses esperando a que el grandísimo Espíritu Santo me llene de bendiciones y algo se me ocurra para poder escribir. Tal vez necesito un poco de cannabis que active esa inspiración y me ayude a terminar todas las historias que tengo en esta mente tan retorcida. Pero no creo que sea la solución, sin tomar en cuenta el hecho de que no estoy en mi etapa continua de valemadrismo y sería difícil aceptar que me drogué después de prometer que ya no lo haría. Tal vez lo que necesito es volver a escribir de lo único que he sabido escribir los últimos dos años. Tal vez tengo que volver a escribir de ella. Pero sería aún peor pues no tengo nada más que decirle, ya todo lo he dicho, y lo que no he dicho ya lo he olvidado. Carajo, eso sonó a canción de Arjona.

Hablando de Arjona recuerdo aquel día en mi antiguo trabajo de verano cuando a mi jefe se le ocurrió poner canciones de Arjona para poder desestresar nuestro pesado sábado. Sin embargo la música se vio interrumpida por la visita de mi estimado supervisor, que ojalá ya haya chingado a su madre, y eso nos obligó a cortar la inspiración Arjonesca y ponernos a trabajar de una manera más seria. El cabrón me puso a atender clientes cuando era más lógico que les cobrara. Sin embargo es lo único que le voy a agradecer al perro ese. Atendiendo a una pequeña niña de unos 5 años, y mientras atendía su pedido de buscar a un personaje de la Princesa Sofía, volteé y justamente atrás, atenta a lo que sucedía, estaba la mujer más bella que había visto esos dos últimos meses de infierno Godinezco. Una mujer morena, con un vestido blanco, lentes, y una sonrisa que me dejó totalmente estúpido. Pero más estúpido me vi cuando me pidió que le mostrará una muñeca para su hermana y le dije que mi compañero la ayudaría. 

¡Ay Diego, eres un imbécil! Será mejor que ya te vayas a dormir.