Estás incompleto, te sientes así y lo más probable es que hayas estado así toda tu vida. Pero el efecto de esta bebida embriagante es la que muestra ésta posibilidad. No sabes qué es lo que pasa, pero un extraño ente en el ambiente te dice que algo no está bien, que tu vida no está bien.
Una broma sobre tus amores pasados alteran una parte de tu ser que creías haber calmado, externamente sigues igual de tranquilo y hasta te ríes, pero internamente ya no puedes aguantar más. Así que ingieres más, ¡Sí, ¿por qué no?! Gritas a dezmeros mientras tu vaso se llena aún más y decides tomarlo en una sola porción. Gran error. Los efectos del alcohol y puede ser que del tabaco también, empiezan a tomar forma y no sabes cómo actuar, llevas un tiempo bebiendo en ésta magnitud que siempre está cercano el recuerdo de la última vez que acabaste en el piso en un antro ubicado en un puerto famoso de la República Mexicana.
Todo este alcohol te hace hablar, gritar, bailar y hasta fumar todavía más. También te provoca hacer cosas que nunca deberías hacer, y de todas formas las haces. El golpe más fuerte es el del día siguiente, cuando la garganta te duele, tu cabeza orbita como planeta de la vía láctea, cuando tus ojos pierden todo enfoque, pero el más fuerte es cuando te sientes vacío. Como si toda la diversión de ayer no hubiera servido, sino al contrario, como si hubiera drenado tu ser. Como si estuvieras incompleto.
Y es ahí, recostado en tu cama, viendo el techo y sintiendo un espantoso dolor de cabeza, cuando te das cuenta que estás incompleto porque todo en tu vida esta así. Incompleta como los videojuegos que nunca has terminado. Tan incompleto como esa anaquel de libros que no has completado. Incompleto como el tratamiento al que te sometiste y te condenó a la sobriedad. Incompleto como los cuadernos llenos de hojas vacías que prometiste ibas a llenar de tantas historias como fuera posible. Incompleto como toda esa música descargada que no has terminado de escuchar. Incompleto como esa cajetilla de cigarros que nunca terminaste y lleva escondida debajo de tu cama más de 3 años. Incompleto como esas promesas a tu abuelo que no te has esmerado en cumplir. Incompleto como todas esas relaciones fallidas que siempre terminan por aburrirte y las dejas a la mitad.
Incompleto como esta etapa en tu vida que, esperas y ruegas al Señor, acabe lo más pronto posible para poder seguir delante de una vez por todas.
